Luis Alberto Spinetta lanzó "Un mañana", un disco luminoso que atraviesa la profundidad en una docena de canciones que se imponen como una suerte de síntesis del presente creativo de un artista en permanente ebullición.
Esta nueva entrega de Spinetta, la 36ta. de su discografía, se ubica en el punto justo entre la continuidad de sus últimos trabajos y el reencuentro con su propia obra, un sitio donde el artista es capaz de reciclarse para ser el mismo e irrumpir como un otro que sabe moverse en las leyes que marcan el pulso de su universo.
Grabado en su estudio La Diosa Salvaje, el álbum ostenta un sonido cálido y cuidado que permite apreciar la belleza de sus melodías que reposan en un entramado trabajo armónico. Sostenida en el cada vez más afiatado cuarteto que completan Claudio Cardone en teclados, Sergio Verdinelli en batería y Nerina Nicotra en bajo, la voz de Spinetta se escucha clara y delicada y bucea en zonas de su registro que jamás había explorado.
La intensidad de "Tu vuelo al fin", una de las canciones más bellas y accesibles del disco, cuentan con el aporte fundamental del guitarrista uruguayo Nicolás Ibarburu, que también se luce en "Canción de amor para Olga", un obra de tres secciones cuya progresión armónica alude a su época en Invisible.
"Un mañana" puede pensarse como una continuidad de "Para los árboles" (2003) y "Pan" (2005), pero a la vez es un disco en que se respiran climas que remiten a álbumes emblemáticos de su carrera como "Bajo Belgrano" y "Kamikaze" y viaja naturalmente hacia el sonido de Los Socios del Desierto y Jade.
En el resultado final del disco se hace indispensable la intervención de los invitados Sartén Asaresi, que se luce en solo de guitarra del potente "Mi elemento", y Baltasar Camotto (integra la banda del Indio Solari) que se suma al vuelo de "Despierta en la brisa", otra de las grandes piezas del flamante cancionero. En "Hiedra al sol", el papel de su guitarra acústica vuelve a ser protagónico para fundirse en una atmósfera íntima y poética donde Spinetta desliza frases como "¡Oh! tal vez tal vez/yo te abrace donde estés/ sin encuentro la armonía no tiene pie/.../".
El espacial y breve "Hombre de luz", compuesto por su padre, Luis Santiago Spinetta, se integra al repertorio en el que también tomó parte su hijo Valentino (grabó los teclados en "No quiero decir").
El austero diseño de tapa (de Alejandro Ros), con el dibujo de un hombre ascendiendo una escalera, y el arte interno del disco, que incluye una foto de Spinetta mirando hacia una ventana que lo ilumina, contribuyen al espíritu esperanzador que se respira en todo el concepto.
Como un especie de antídoto "contra todos los males de este mundo" o como "una entrega amorosa", según sus palabras, en "Un mañana" Spinetta vuelve a volcar toda la sensibilidad que tiñe su mirada sobre el mundo.


